El orfismo se mueve exclusivamente en un plano religioso. Es una secta que pone en tela de juicio la religión oficial de la ciudad griega. En particular, a dos niveles: uno de pensamiento teológico, otro de prácticas y comportamientos.

Los órficos (orphikoi) fueron un grupo que unió creencias procedentes del culto al dios Apolo, con otras relacionadas con la reencarnación.

Creían que el alma se mantiene únicamente si se conserva su estado puro. Por ello usaron a Dionisio como un elemento purificador y figura central de sus creencias.

Orfeo, por su parte, con sus cualidades de pureza sexual, su facultad de profetizar lo que ocurriría después de la muerte y sus dotes musicales, aportaba otra figura central para el anclaje de las creencias órficas.

Estas creencias fueron recogidas de narraciones sagradas ( iepoi lógoi ) que suelen datarse en el siglo III antes de Cristo. En el siglo V antes de Cristo, Heródoto, habla de los órficos y de los pitagóricos como participantes activos de ciertos tabúes o prohibiciones. Se sabe también que Platón se vio vinculado con oráculos y revelaciones órficas. Por otra parte, Aristóteles, conoció y manejó las llamadas Narraciones Órficas.

Puede decirse por tanto que la denominación de órficos en el mundo griego tenía un puesto importante, pero más en forma sectaria, y no debe confundirse nunca con la percepción griega sobre la formación de la vida y del universo.

La existencia de las famosas láminas áureas procedentes de tumbas de Grecia y Creta, con carácter órfico para el tratamiento del alma del muerto, y anteriores al período helenístico, únicamente demuestran lo antes dicho: la existencia de algún tipo de secta ritual con creencias religiosas acerca de la vida después de la vida y la transcendencia continua del alma.